Pescadores y gallinas

Vivimos un largo y tediosos periodo electoral. Políticos populistas que buscan el voto entre los cándidos que les creen. O cínicos que prometen y luego olvidan. O los nuevos toreros en el ruedo electoral. Cuando presenté mi libro, este Diario tituló, el generoso artículo que me dedicaron, con la frase “Solo pido a los políticos que no estorben” Un político navarro de postín, de cuyo nombre no puedo acordarme, le dijo a un paisano mío “Joder con el de tu pueblo”. Me mantengo en mis trece. Mejor nos iría si no se preocuparan tanto de nosotros. Hay un espécimen de político de lo más peligroso, que adopta el papel paternalista, o gallina culeca, que abarca a los polluelos bajo sus alas. Crean una dependencia maligna en una sociedad híper politizada que todo lo inunda, controla y al final corrompe. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

España es socialdemócrata. Los ciudadanos valoran positivamente un Estado asistencial. Votaremos al político que más nos dé y que solucione nuestros problemas. Lástima que no haya tantos solucionadores de problemas para tanto infeliz.  Ya lo decía Jesús en la Biblia “Si das un pez al hambriento no tendrá que preocuparse por la cena, pero si le enseñas a pescar nunca más pasará hambre”. Básicamente existen dos tipos de personas las que van de víctimas y las que se buscan la vida.  Los primeros echan la culpa a los demás de sus desgracias y van buscando quién les abastezca. Los segundos saben que si quieres peces debes mojarte el culo. Los políticos populistas viven del voto de los primeros. Así pues, les interesa generar muchos. Por eso los regímenes populistas son destacados productores de víctimas. Es un círculo vicioso de más necesidades insatisfechas y más políticos “desvelados” por los males de sus votantes. Entrecomillo “desvelado” porque les vemos vivir como una auténtica casta orwelliana con sus coches oficiales, recepciones al embajador y Ferreros Roché. Un verdadero cáncer incurable para las sociedades que caen por el desfiladero que terminan por despeñarse con la fractura social y la aparición de un tirano (un joven general habitualmente). Estas sociedades sólo se salvan si no se marchan los que la sostienen que son los currelas.

Cuando era estudiante tuve la ocasión de comer con un Director General del Gobierno junto con unos pocos alumnos más. En aquella comida hablamos del tema redistributivo de la renta que tiene el gobierno. El político en cuestión defendía que había que abastecer de servicios públicos amplios a la clase media.  Y no sólo a las clases bajas, supuse, aunque no me atreví a decirle, que quizás porque eran sus votantes. El problema de lo público es que los ciudadanos creen que es gratis y los políticos que es suyo. Yo no quiero vivir en una sociedad que abandona a los pobres que caen en desgracia. Como la pobre mujer, desahuciada de su vivienda, que se suicidó hace unos días en Pamplona. No entiendo cómo pueden pasar estas cosas en una sociedad rica como la nuestra. Pero tampoco entiendo que haya un grupo de superintendentes que desde su atalaya usen nuestros impuestos para mantener contentos a sus votantes o cosas peores. Y es que sólo la necesidad nos hace espabilar y seguir adelante. Porque ¿cuándo nos apuntamos a inglés? Cuando nos quedamos en el paro. Mientras nos llega la nómina todos los meses tenemos dormidas nuestras aspiraciones shakesperianas.

Mi vecino Julio me contó la semana pasada su último viaje con un misionero por Sudamérica.  Acompañó al religioso por la selva visitando poblados que viven como en el Neolítico. Una mañana fueron a llevar  un gallo y una gallina a una familia de aborígenes. Les explicaron que los cuidaran y que pronto podrían comer huevos, criar otras gallinas y así solucionar su hambre. Todo fue de maravilla hasta que los indígenas tuvieron la visita de unos familiares de otra tribu. Celebraron tan magno evento cocinando todas las aves. El misionero se lamentaba a Julio de la mentalidad de estos salvajes. Pero, ¿de quién es la culpa del entuerto? ¿Teme el indígena por su vida o la de su familia? No, porque sabe que si va por misa probablemente consiga otro gallo y otra gallina. Entonces ¿Qué es antes el huevo o la gallina?

 

Carlos Medrano Sola

Economista y consultor

www.eldineronocaeldelcielo.com

Posted by eldinero_nocae


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