Democracia sobrevalorada

Democracia sobrevalorada

Pretender que las elecciones democráticas solucionen el problema catalán es una utopía, a las pruebas me remito. Que la democracia esté sobrevalorada viene de lejos, ya lo pensaban sus creadores los griegos. Pericles presumía de la superioridad de Atenas sobre el resto de polis porque ellos eran demócratas. Aunque entonces no votaban el 70% de la sociedad (mujeres, pobres o esclavos). Esta idea de superioridad la copiaron los Estados Unidos por legitimar su imperialismo con el fin superior de extender la democracia por el mundo. Como decía Fukuyama todas las sociedades humanas tienden a la democracia, que es el fin de la historia. De esta forma, los americanos tienen un argumento ético para extender su poderío. El apoyo moral también lo puede dar la religión. Así, las luchas no lo son por el poder sino por extender la fe verdadera. Y es que ya dijo San Agustín que la diferencia entre un pirata y Alejandro Magno es que el primero solo tiene un barco y el segundo un gran ejercito. Por eso los reyes usaron la bendición de sus respectivas iglesias para lanzarse a la conquista del vecino. Sócrates también era contrario a la democracia porque otorgaba el voto a ciudadanos que no tenían conocimientos suficientes para decidir. Sócrates creía que cualquier hombre podía ser instruido, pero no lo estaban. En la actualidad, nuestros gobernantes deciden sobre leyes que escapan de su conocimiento, como puede ser la legislación nuclear, la ley del aborto u otras. Cada grupo parlamentario nombra su comité de expertos de nivel mundial. Todos ellos muy conocedores del asunto y que al presentar sus conclusiones refrendan los postulados ideológicos de sus respectivos mentores. Qué casualidad.

Antístenes fundador de la escuela cínica pidió a la Asamblea que se nombrara, por decreto,  caballos a los asnos. Cuando le preguntaron por qué hacía una propuesta tan absurda contestó “¿Acaso no nombráis vosotros por votación generales a los más ceporros?”. Aristóteles también criticó la democracia como gobierno supremo y estableció seis formas de gobierno posibles teniendo en cuenta el número de gobernantes y a quién sirven: tres formas puras y tres corruptas. En la versión pura con un gobernante situó a la monarquía, su versión corrupta es la tiranía. En el gobierno de unos pocos a la aristocracia frente a la oligarquía, que era su versión degenerada. Y en el gobierno de la mayoría la republica frente a la democracia, o demagogia. Era una crítica contemporánea al fundamentalismo democrático de Pericles. En la práctica uno solo no manda nunca. Hitler (elegido democráticamente) no mandaba solo, mandaban las SS o los responsables del Partido Nazi. Al final, siempre mandan unos pocos porque el gobierno del pueblo no es factible, por mucho que se diga que reside la soberanía popular en él. Es imposible que todos participen en la vida política. Fundamentalistas democráticos contemporáneos son aquellos políticos que han creado una nueva religión que tiene en la asamblea su liturgia y al Pueblo como nuevo Dios verdadero. Todo ha de ser votado por todos. Protágoras también criticó el método de la mayoría. Aludía que cuando se trata de construir puentes se reúnen solo los arquitectos, cuando se trata de asuntos navales son los armadores los que deciden. Pero si hay que tratar de la administración pública se escucha a todo el que tome la palabra, ya sea este zapatero, herrero o comerciante, rico o pobre, noble o vulgar y nadie critica que de consejo sin ser profesional ni haber tenido maestro.

La esencia de la democracia es la libertad no la igualdad. No es solo ser libres, es ser libre para escoger. El individuo es libre en un mercado donde hay muchas opciones para elegir. Que el ciudadano pueda elegir a sus representantes y no solo una lista cerrada por un Secretario General. Si no hay un mercado político amplio donde escoger la democracia desaparece. Nuestro sistema democrático no puede durar eternamente porque sí. La democracia se funda en el estado del bienestar y está indisolublemente ligada a él. En un mercado desabastecido con gente que pasa hambre la democracia desaparece. Y los ciudadanos (y las empresas) votan “con los pies” marchando a otras tierras más favorables. Si es que pueden, y les dejan, claro, pero ese es otro tema.

 

Carlos Medrano Sola es economista

www.eximiaconsultores.com

Posted by Carlos Medrano


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