El sexo y el emprendimiento

El emprendimiento es como el sexo adolescente. Todos hablan de él en el instituto pero lo practican muchos menos de lo que parece. En los primeros años de la crisis se comenzó a hablar del emprendimiento como solucionador de la enorme tasa de paro. No era posible asumir tanto empleo por parte de las empresas, por lo que tendrían que ser los empoderados (como dicen ahora) emprendedores los que se tuvieran que buscar la vida. Napoleón decía que las dos fuerzas mueven a los hombres el miedo y la codicia. En tiempos de crisis hay más del primero que de la segunda, y el miedo es una mala brújula.

El emprendedor que solo busca financiación de inversores es como el adicto a la pornografía. Su orientación onanista provoca poluciones múltiples. Es un círculo vicioso que termina con inflamaciones varias, y molestias más o menos graves. El emprendedor que elige el camino fácil de las ampliaciones de capital sufrirá diversos males hasta que consiga orientarse hacia el cliente y no a la búsqueda del dinero pornográfico. La crisis se ha querido solucionar con dinero gratis. El dinero ha ido a estados y empresas quebradas para sostener sus balances zombis. El problema es liberarse de la adicción. Los que abusan de la búsqueda de inversores volverán una y otra vez a organizar rondas de financiación. Como el cliente de los prostíbulos que convierte en afición la liberación de una noche debilidad. Pero acudir solo a la financiación es un viaje tan corto como su posibilidad de expandir su negocio sin ventas. Emprender es vender. En la actualidad vivimos con la sinrazón de tener tipos de interés negativos. Síntoma de que la crisis no ha pasado todavía. Pero vienen vientos de cambio. El nombramiento de Jerome Powell como Presidente de la Reserva Federal Americana viene con el encargo de subir los tipos y acercarlos a la “normalidad”. Los Estados Unidos van por delante, como siempre, su economía tiene riesgos de recalentarse vía subida de la inflación. Con una tasa de paro cercana al pleno empleo, ha llegado el momento de subir los tipos. Y en Europa, probablemente, y espero que así sea, veremos también una subida. Y lo espero porque significará que nos acercamos a niveles de empleo e inflación “normales”.

El pagafantas es, normalmente, aquél chaval que pretende conseguir el amor de su amada siendo un servil acompañador pagador de refrescos. Todos sus esfuerzos y desvelos solo sirven para recibir el apelativo de “mejor amigo” con el castigo de solo recibir a cambio su amor fraterno. En esto del emprendimiento el pagafantas es aquel emprendedor que se orienta a la búsqueda de la subvención pública y es acogido con todos los parabienes. Hasta que llega el día del reparto y se da cuenta que solo le querían por la estadística. Y es que para dar premios hay que tener proyectos de relleno. El fetichismo es una perversión sexual que también tiene su espejo en el emprendimiento. Lo llamó “miopía del marketing” Theodore Levitt y consiste en la fijación obsesiva en el producto creado. Tal es la obsesión que ven la realidad desenfocada y se desorientan de su verdadero camino, que no es ni más ni menos que servir y enamorar a su cliente. El cuál sabrá como agradecerlo comprando ese producto que tan fantásticamente han creado. Otra similitud entre el sexo y el emprendimiento es el exhibicionismo. Y es que la afición a mostrar las miserias en público es algo que predomina en proyectos incipientes que no llegan ni a brotes verdes pero que son premiados a bombo y platillo por sus valedores, los cuales surgen periódicamente como las setas en otoño para chupar cámaras y focos acompañados por jovencitos empoderados por sus ideas de negocio.

Muchas son las miserias del emprendimiento, ya es un término que en sí mismo aburre más que el tema de la reproducción humana que me enseñaron en el Instituto. Que tire la primera piedra el que esté libre de pecado. Y es que, no puedo dejar de reconocer, que yo también he pecado de algunas de las miserias que critico. Nadie es perfecto, como le dijo a Jack Lemmon su enamorado compañero en “Con faldas y a lo loco”. Y es que el verdadero emprendedor no quiere hablar sobre emprendimiento, quiere hacerlo. Lo mismo pasa con el sexo.

 

Carlos Medrano Sola es economista

www.eximiaconsultores.com

Posted by Carlos Medrano


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