La ITV y la competencia

Estamos asistiendo estos días a una polémica por la saturación de la ITV. Cuentan que hay personas que han estado ocho horas para poder pasarla. Miedo me da cuando me toque a mí, pues mis dos coches la pasan anualmente. Y es que  cada vez somos más los que alargamos la vida del coche hasta su último suspiro. Sea por esta causa o por que vienen los guipuzcoanos el caso es que el servicio no funciona desde hace demasiado tiempo y el Gobierno de Navarra no hace nada eficaz para solucionarlo. Este problema se ha convertido en conversación de bar. Esta semana echando una cerveza y hablando del tema les dije a los amigos que hay una solución sencilla y sin costes para nadie. Me miraron con incredulidad, pero les dije que el Gobierno de Navarra podía sacar una oferta pública para que cualquier taller de Navarra ofreciese ese servicio. Seguro que en menos de un mes tendríamos 27 talleres preparados para ser un ente certificador. Me supongo que tendrían que pasar un examen de capacitación, tener las maquinarias necesarias, etc. pero con poca inversión podrían adaptarse. Mi amigo Mikel me dijo que era mala idea en el país del Lazarillo de Tormes. Puede ser, pero en ese caso, la administración debería crujir a los infractores convenientemente para desincentivar al resto a hacerlo. Después de contar mi idea en redes sociales me dijo mi pariente Carlos (que vive en Canarias) que allí el gobierno favoreció que hubiera más ITV y han duplicado su número y el empleo. ¡Vaya!, otra genial idea que ya se le había ocurrido a alguien y que la había llevado a cabo con éxito.

En Navarra se liberalizaron las farmacias hace años. A pesar de los augurios catastrofistas de algún farmacéutico (que temía, más bien, la llegada de competencia) ha sido una medida que nos ha beneficiado a toda la sociedad. Las farmacias se han convertido en un servicio mucho más cercano y atractivo para el cliente. ¿Por qué hacerlo con la ITV? Este tipo de concesiones administrativas son un premio para el que las recibe pues el Estado les da un negocio sin competencia. Tal es el premio que se conocen varios casos de corrupción. Uno de los más sonados fue el de Oriol Pujol, el príncipe de la infame dinastía Pujol que acabo con sus huesos en la cárcel (no sé si todavía sigue dentro).

Favorecer la competencia es una política social. Tanto que hablan ahora de gobierno de progreso para subirnos los impuestos a “los ricos” para dárselos a “los pobres”, me pregunto yo porqué no afrontan el favorecer la competencia en los mercados. Si hay mucha competencia los precios y servicios se adaptan al ciudadano para ser el oferente elegido. Con la competencia los beneficios empresariales tienden a cero. Me explico, al principio hay un negocio muy bueno, por ejemplo, el transporte de mercancías por carretera. Unas pocas empresas se reparten el mercado y prosperan. Pero hay otras empresas que ven una oportunidad en esas ganancias y deciden competir para llevarse un trozo del pastel. Para conseguir clientes tienen que bajar precios o mejorar el servicio, o ambas cosas. El resultado es que las que están dentro del mercado tienen que ajustarse también si no quieren perderlo todo. La entrada de empresas se para cuando los beneficios se acercan a cero. Hoy una empresa de transporte que gane el 5% en su resultado ya puede estar satisfecha. Pero los más contentos somos los ciudadanos que disfrutamos de las consecuencias de un mercado competitivo. Y es una política social porque beneficia más al que menos tiene. En el caso por ejemplo del transporte de personas. Si no hay competencia solo los ricos podrán pagar los precios que pidan por llevarles de un sitio a otro. Si hay mucha competencia los precios bajan y los servicios mejoran, dando acceso al mayor grupo social posible. La competencia es política social de la buena. Así que tomen nota los políticos sobre impulsar medidas liberalizadoras (¡huy que palabra más fea para la progresía de salón!). Como decía Adam Smith hace más de 200 años que “Los comerciantes del mismo sector rara vez se reúnen, incluso para entretenimiento y diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público (sus clientes), o en alguna estratagema para aumentar los precios”.

 

Carlos Medrano Sola es economista en

www.eximiaconsultores.com

Posted by Carlos Medrano


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