Nada que celebrar

Hoy es el día de la Educación Financiera. Tras la crisis de 2008 algunos economistas dieron un paso adelante para señalar el analfabetismo financiero de la población en general. Algunos creímos verdaderamente en esta noble causa. Más si cabe, después de ver cómo muchas personas habían arriesgado demasiado y pagado un precio muy alto después del pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Ya desde el principio otros saltaron como un resorte para acusarnos de cómplices del régimen. Decían que todo esto era culpar al individuo de una situación generada por los Bancos Centrales con su política de bajos tipos de interés y de una Banca Comercial indigna que robaba a los ancianos sus ahorros, etc. Según ellos estábamos culpando al ciudadano como se culpa al maquinista del tren de negligencia cuando en realidad es culpa de la empresa ferroviaria. No voy a entrar en quién es el culpable, pero lo de lo que estoy seguro es de que las consecuencias las vamos a pagar a escote.

En el 2014 un grupo de economistas y abogados creamos Adecufin, una asociación sin ánimo de lucro para el desarrollo de la cultura financiera de la población. Y fuimos a promover sus principios con más ilusión que recursos. En estos años hemos podido hacer algunas pocas acciones como con la UNED, el Ayuntamiento de Tudela, Diario de Navarra y poco más. Nos ha servido para mantener encendida la llama de la esperanza en un futuro más favorable. En 2015 vimos con ilusión que Jordi Évole se disponía a presentar un programa sobre la Educación Financiera. Creímos que la televisión era el espaldarazo que nos faltaba para llegar al gran público. Pronto vimos con horror cómo se cargaba lo poco que se había avanzado en el tema. Hizo un programa en el que quedó claro que la Educación Financiera era algo así como un sistema ideado por la “malvada” banca para adoctrinar a sus clientes. Meter al zorro en el gallinero. Queda de aquél programa la frase de unos alumnos de secundaria de Sevilla en la que decían “Pagaría la hipoteca antes que la comida”. La banca no es la opción para educar, pero tampoco creo en la teoría conspiratoria orquestada desde oscuros despachos de dominantes rascacielos. Ahora bien, cuanto más ignorantes seamos más fácil lo tienen no solo los bancos, también los gobiernos despilfarradores e ineficientes. Sin conocimiento no puede haber una crítica consistente.

Por otra parte, también nos atacaron los partidos nuevos de izquierda. Recuerdo una conversación con un concejal de Pamplona en la que me dijo que él, lo que quería, era desmantelar el sistema financiero. Yo le pregunté que por dónde empezaría. Él dio media vuelta y se fue. Me dio la impresión de que no tenía su plan muy elaborado.  Los estados tampoco han hecho nada reseñable estos años. Cuando sacaron la ley de educación financiera pensamos que era otra gran ocasión. Sin embargo, se ha quedado relegada a una mínima expresión, impartida por profesorado sin preparación específica, la mayoría de las veces, y muy criticada en su implantación, en algunos casos con sobradas razones.

La Educación Financiera cuenta con muchos e importantes enemigos. Unos por ideología, otros por intereses espurios, otros por ignorancia. Estamos ante un problema que lejos de mejorar empeora. Con el agravante de que parece no interesar a quienes lo tienen que desarrollar ni a sus perceptores. Ahora se está anunciando una nueva crisis. Quizá no acierten como tampoco acertaron cuando negaron la anterior. En cualquier caso, no hemos avanzado nada desde 2008. No sería de extrañar que nos tropecemos en la misma piedra. El otro día comparaba la situación, con mis colegas de Adecufin, con una catástrofe tipo terremoto que destruye una ciudad entera. Los bomberos saben que solo pueden aspirar a salvar a unas pocas decenas o centenas de personas, y que la gran mayoría de la población ha fallecido o fallecerá en poco tiempo. Quizás sea demasiado catastrofista, pero creo que solo podemos aspirar a formar a unos pocos a los que no sé por qué razón interese el tema. Y seguir adelante porque creemos en nuestra misión y sabemos que vamos en la dirección correcta. Si el viento está en contra replegaremos las velas y avanzaremos remando al ritmo que se pueda.

 

Carlos Medrano Sola es economista en

www.eximiaconsultores.com

Posted by Carlos Medrano


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