¡Es la guerra! (comercial)

Me encanta escuchar a Fernando Onega todas las mañanas, pero creo que el otro día no estuvo muy acertado. En su favor diré que lo dijo como provocación. Comentó la idea de que ya que se va a dar unas ayudas de 300 millones al sector turístico por la quiebra de Thomas Cook, se podrían dar también ayudas al sector agroalimentario para compensar los nuevos aranceles de Trump. Todos los problemas de Thomas Cook se pueden resumir en dos palabras: Booking y Airbnb.

Trump es un personaje bastante antipático en España, pero esta vez la Organización Mundial del Comercio (O.M.C.) le ha dado la razón para esos aranceles. Es más, le han dado la opción de ponerlos incluso superiores a los que va a imponer. La O.M.C. tiene como misión el desarrollo del comercio internacional en el mundo. El proteccionismo es malo para la economía mundial. Es una política en la que todos pierden. Todos los países están de acuerdo en que más comercio es mejor para todos. Pero, claro, como en algunos acuerdos de buenas voluntades, hay incentivos para no cumplir las normas por parte de algún país y obtener alguna ventaja adicional. La O.M.C. vela para que esto no suceda y ha sentenciado que las ayudas de la UE a Airbus son ayudas de estado no permitidas, y por eso los USA pueden imponer aranceles compensatorios.

Los pilares con los que se gestó la UE están recubiertos de subvenciones. Son parte de nuestro ADN. Muchos recordaran, por ejemplo, que esas ayudas consiguieron que los agricultores franceses dejaran de quemar camiones españoles. Probablemente fueron necesarias entonces. Pero ahora, ¿qué sentido tienen? Si se quiere beneficiar a un sector en particular, podrían rebajar los impuestos a todo el sector. Sería inmediato nada más publicarlo en el Boletín Oficial correspondiente. Se ahorrarían en burócratas definiendo las subvenciones, otorgándolas y controlándolas. Entonces, ¿por qué no se hace? Creo que una razón es que los políticos perderían el poder de concederlas discrecionalmente a sus empresas amigas. Hace unos años el lobby del acero norteamericano logró imponer un arancel para evitar la reestructuración y despidos masivos en su industria. Los empresarios y trabajadores del sector lo celebraron. Habían conseguido salvarse. Unos años después unos economistas calcularon el efecto global en la economía y comprobaron que salvar unas decenas de miles de empleos habían provocado unos centenares de miles de despidos en otras empresas, que, por culpa del arancel, tuvieron que comprar el acero mucho más caro y perdieron competitividad internacional. No obstante, el efecto más importante fue que ese incremento de precios lo pagaron todos los consumidores americanos. Qué casualidad que siempre acabamos pagando los mismos. Esta vez no será diferente.

Airbus es una gran empresa con buenas conexiones políticas. Nuestros impuestos se dirigen a ella para mejorar su ventaja competitiva, porque no la tiene o porque le resulta más fácil lograrla con esas ayudas. Si preguntamos a los sectores que van a sufrir el nuevo arancel seguro que pedirán que retiren esos favores. Me temo, además, que si le preguntamos al ciudadano medio a ver qué le parece que sus impuestos vayan a ayudar a Airbus contestará lo mismo.

Trump está guerreando comercialmente con la UE y con China. Sabe que es peor para todos, pero cuenta con un comercio interno más grande que sus contrincantes y pude aguantar mejor las consecuencias de sus políticas. Es como apostar con un campeón de buceo a ver quién aguanta más debajo del agua. Aún así, ya se está oyendo en la UE que van a replicar con más subidas de aranceles a productos americanos. Los americanos inventaron la negociación win-win que viene a ser la de que todos ganan, o ganar-ganar. En estos tiempos estamos asistiendo a una espiral que nos lleva a perder-perder. Se está alertando de la crisis que viene. No recuerdo un caso similar en el que se anuncie tanto y desde hace tanto tiempo lo que va a llegar. Me recuerda al lema de los Stark de juego de tronos “El invierno se acerca” Es indudable que la economía se está frenando y que la guerra comercial lo favorece. No obstante, a los Estados Unidos no les viene mal un poco de enfriamiento, con tasas de paro del 3,7%, tienen margen para aguantar debajo del agua más que el resto.

 

Carlos Medrano Sola es economista en

www.eximiaconsultores.com

 

Posted by Carlos Medrano


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