Artista del régimen

Ricky Gervais, presentador de la gala de los Globos de Oro, va ascendiendo en la brutalidad de sus “chistes” año tras año y lleva cinco. En su monólogo inicial pidió a los premiados que dejaran de hacer política cuando cogieran sus premios porque eran unos ignorantes que habían ido a clase menos que Greta Thunberg. Tienen todo el derecho a ser activos en política, claro está. El problema surge cuando confundimos arte y famoseo con el Arte en mayúsculas. Y es que proliferan gran número de artistas que prosperan a la sombra del partido político. Todos los partidos tienen su camarilla artística, más o menos activa. Son artistas del régimen porque dedican su arte para la gloria del mandatario de turno. Pero ¿qué sería de la historia del arte si borrásemos todos aquellos artistas que vivieron para el encumbramiento de su rey? ¿Cómo separar a los grandes artistas y las obras que fueron usadas para la propaganda del mandamás de turno? Los faraones del antiguo Egipto nos han legado su arte funerario inmortal. Griegos y romanos hicieron lo propio con sus respectivos artistas. Los Médicis famosos mecenas del renacimiento que protegieron a Miguel Ángel, Botticelli, Leonardo, etc. Los músicos también estuvieron mantenidos por reyes y príncipes hasta Beethoven. Él fue el primero que tuvo libertad creativa para componer exclusivamente según su criterio. Y ese pequeño cambio permitió que hoy podamos disfrutar de su 9ª sinfonía. La también llamada sinfonía coral no interesaba porque tenía un coro que encarecía la obra. Menos mal que no hizo caso, al economista de turno, para ajustar los costes. Y doy un salto a la actualidad. Hoy seguimos teniendo artistas del régimen. Individuos, o grupos, que han destacado en sus campos artísticos pero que o bien no son capaces de vivir por sí mismos o ambicionan más gloria de la que le da la sociedad civil.

Cada partido tiene sus artistas del régimen. Estos viven mejor o peor según vayan las elecciones. Si ganan se convierten en la mano derecha del ministro de cultura y manejan el presupuesto correspondiente para tocar con su dedo, cual rey Midas, al artista de su gusto o del interés político. Lo hacen siendo directores generales o formando parte de los tribunales técnicos que deciden la calidad de las obras a subvencionar. Cuando pasan a la oposición, se dedican a criticar las iniciativas de sus adversarios. Por otra parte,  el artista ganador tiene en sus manos el presupuesto para ejercer la revancha. Este tipo de artista es un cáncer para el verdadero arte. El artista con mayúsculas es valorado por su obra y no por sus contactos. Se puede identificar muy fácil al artista del régimen. Este tipo de mediocres no tienen éxito más allá de la zona política de su influencia. Y si hacen giras más allá de sus fronteras es a regímenes de la misma cuerda que sus amos. Ocasión que aprovechan (gracias al dinero público que les subvenciona también el viaje) para promocionarse. Y reciben y entregan premios entre sus camaradas con el aplauso de sus acólitos. Que son muchos, porque recordemos que de su criterio dependerán las ayudas, subvenciones y becas del presupuesto de cultura. El que se mueve no sale en la foto.

Otra cosa fue Shostakovich. Le tocó bregar con Stalin. Gozó del apoyo del régimen hasta que Stalin asistió a su opera Lady Macbeth y dijo su célebre frase “Esto no es música, es caos”. Momento en el que Shostakovich fue condenado al ostracismo. El jerarca ruso quería marchas gloriosas y se encontró con disonancias y músicas alejadas del “gusto del pueblo”, que era el suyo, claro. Hay que recordar que en esa época Stalin mandó ejecutar a otros músicos e incluso a familiares de Shostakovich. El propio compositor contó que “vivía siempre con la maleta cerca de la puerta”. Con la muerte del dictador consiguió el favor del nuevo régimen con una música amansada. Pero a la vez componía para el cajón de su escritorio. No podemos exigir al músico la valentía del héroe, pero sí la honestidad de no prostituirse por poderes espurios.  Por eso, debemos señalar a los artistas del régimen actuales y desconfiar cuando un supuesto gran artista se pasa al lado oscuro. Hoy no tienen la excusa de vivir con un Stalin al que agradar o morir. Venden su alma al diablo y saben, en su fuero interno, que no merecen tanto premio. Y es que Mefistófeles da la gloria en vida, pero se queda con el alma inmortal.  El verdadero juez del artista es el tiempo, que pone a cada cual en su sitio.

 

Carlos Medrano Sola es economista

www.eximiaconsultores.com

Posted by Carlos Medrano


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